3D en el aula, de verdad

Si te pidiera describir la foto que encabeza el artículo, ¿qué VES? Parece fácil… «VEO a un alumno del colegio realizando algún ejercicio o examen de tecnología, seguramente el típico de representar planta, alzado y perfil de una figura que… espera…¡están impresas en 3D!» Si MIRAS con más detenimiento OBSERVARÁS lo que realmente hace emocionante esta instantánea…a la izquierda se asoma lo que parece ser un teclado para tomar apuntes en Braille. Efectivamente, Ander, nuestro protagonista es INVIDENTE.

La historia no puede ser mas bonita. Durante la explicación teórica en clase a uno de sus compañeros se le ocurrió proponer en alto «¿Por qué no imprimimos los modelos de los ejercicios en 3D y así Ander puede trabajar con ellos?» Dicho y hecho.

Con la inestimable colaboración del profesor (Carlos, desde aquí un fuerte abrazo) se produjeron las piezas que veis en las imágenes.

El hecho de que hayan sido los propios alumnos, sus compañeros, los que han detectado el problema, propuesto la solución a partir de sus conocimientos sobre esta tecnología y haberla puesto en práctica me dice que son chicos de «10», tanto en lo académico como en lo humano.

Porque los compañeros del niño ciego o discapacitado visualmente son el primer estrato de la sociedad en la que progresivamente él ha de integrarse. Del aprendizaje y de las experiencias que tenga en ese primer nivel dependerá, en gran medida, el desarrollo posterior de su integración. De ahí, precisamente, la importancia de propiciar entre ellos interacciones positivas de respeto, comprensión y mutua solidaridad.

La presencia de un alumno con baja visión o ciego nos obliga a los profesores a realizar ciertas modificaciones organizativo-didácticas  y hacer uso de medios alternativos a los usuales para el cumplimiento de los diferentes objetivos curriculares.

Y aquí la impresión 3D y el Aprendizaje-Servicio tienen mucho que aportar.