marzo 23

CÓMO POTENCIAR UNA ADECUADA DISCIPLINA

CÓMO POTENCIAR UNA ADECUADA DISCIPLINA Y ESTABLECER NORMAS DE COMPORTAMIENTO EN NUESTROS HIJOS

  1. Cómo influyen los padres en el comportamiento de los hijos.

Todos sabemos que en la etapa infantil los niños necesitan un apoyo o un modelo a seguir para adquirir sus conocimientos. Este modelo suele ser prioritariamente los padres y en el mismo nivel los iguales (otros niños con los que interactúan). En un segundo término se encuentran los abuelos y otros adultos cercanos, (estos últimos comienzan a tener mayor relevancia ya que cada vez más son ellos los que cuidan a los niños).

Por ello es muy importante en el desarrollo infantil el ambiente familiar en el que crece el niño y los mensajes que va captando de la interacción con sus padres, tengamos en cuenta que para muchos niños sus padres son sus héroes y además su entorno se lo hace ver así, por lo tanto tendrá sobreestimadas sus cualidades. Cuando el padre defrauda estos ideales con un comportamiento inadecuado o no existe ese comportamiento que el niño espera, sus esquemas se van a romper y va a generar mecanismos de defensa para enfrentarse a ese padre que no es todo lo que él quisiera.

Todo esto no quiere decir que haya que dejar al niño hacer lo que él quiera para no defraudarle, ni mucho menos; el tema es más profundo que esto. Por supuesto que habrá que castigar cuando sea necesario y premiar el buen comportamiento, pero siempre inculcando unos valores y una autoestima personal al niño para que valore los límites que sus padres le ponen y los acepte con naturalidad (aquí entra en juego la comunicación y el tiempo que se dedica al niño, a explicarle las cosas y los porqués).

No cabe duda que la respuesta que tengan los padres ante determinadas situaciones va a dejar huella en un niño que está absorbiendo todo lo que le brinda su entorno y que está formando su propia personalidad a través de esa información. Por ello, a continuación detallamos las características de diferentes tipos de padres y como interactúan con los hijos, además de la huella a nivel psicológico que estas actitudes pueden dejar en el niño perdurando hasta la edad adulta

2. Tipos de padres:                                                                                                1.  

Padre pasivo

Es un padre que colabora poco en el cuidado de los hijos, generalmente no asiste a las reuniones del colegio, no hace los deberes con ellos, tampoco les lleva a espectáculos o actividades de ocio, siendo estas tareas realizadas por otros adultos de tu entorno. Esta actitud hace que los niños tampoco cuenten con él a la hora de proponer planes. En su casa se está generando una dinámica de no inclusión y los niños están creciendo con un modelo que transmite poca información. El padre que no se involucra en el cuidado de los hijos y en su educación, carece de mecanismos y de estrategias para hacerlo y en vez de buscar soluciones y ponerlas en práctica se dedica a dejarlo en manos de otros.

Estos niños crecerán con una falta de apego a la figura del padre y con una falta de valores necesarios para generar su propio rol en la edad adulta. Por supuesto el niño cuando crece repetirá muchos patrones aprendidos de su padre y tendrá muchas posibilidades de ser un padre pasivo, sobre todo si siempre se ha aceptado ese papel en la familia como algo normal.

Padre autoritario

Va a estar dictando muchas normas en la dinámica familiar Las normas deben cumplirse por encima de todo y no se admiten errores. Las expectativas respecto a sus hijos son extremadamente elevadas por ello cuando ocurre algún error (mala nota, peleas con amigos, etc) lo va a vivir como una catástrofe, imputando al niño toda la responsabilidad y no dando lugar a explicaciones. Este tipo de padre tan controlador va a provocar en el niño el retraimiento por miedo a las consecuencias de sus conductas.

Pocas veces va a expresar lo que piensa y va a ser un niño cohibido, con miedo de incumplir las normas. Por otro lado, el padre busca la aprobación de los demás a través de los hijos, es decir, “si mi hijo saca buenas notas, es aplicado y bueno, podré presumir de hijo delante de los demás” y así ser valorado por el grupo de referencia.

En la edad adulta y ya en la adolescencia estos niños probablemente tengan dificultades en la comunicación y en el compromiso, no se abren a nadie y sus sentimientos están guardados, han aprendido que hay que hacer lo que se espera de ellos y que sus intereses no son importantes, serán personas inseguras y muy rígidas al igual que lo fueron sus padres.

Padre amigo

En esta relación prima la comunicación al mismo nivel. Se comporta como un colega, compartiendo aficiones y actividades con su hijo, su forma de expresarse y de hablar con él es afín a la de sus amigos y el chico está encantado. Para mantener una relación así, tendrá que saltarse muchas reglas y no establecerá los límites de lo que está bien y lo qué está mal.

Por tanto el niño crece a sus anchas, no tiene visión de padre que dicta lo que hay que hacer y aunque la comunicación entre ellos será muy buena. La parte mala de ello es que el hijo no tendrá estrategias a la hora de enfrentarse a los problemas en la edad adulta. No sabrá cuando se porta mal con alguien y cuando tiene que pedir perdón, todo esto le provocará dificultades en la comunicación interpersonal y una sensación de indefensión ante los problemas. Tengamos en cuenta que a veces los niños se portan mal para recibir atención de los padres aunque reciban un castigo, les gratifica que sus padres le hagan caso y le dicten las normas, por supuesto siempre con unos límites.  Cuando los padres son muy permisivos, habrá muy buen ambiente familiar, pero el niño echará de menos al guía – instructor que necesita en pleno desarrollo.

Padre ausente

En la base es muy parecido al padre pasivo, sin embargo, va a colmar de regalos y de actividades a sus hijos, para cubrir ese tiempo que no pasa con ellos. Sí va a estar preocupado por la educación de los hijos pero sus normas y pretensiones no tendrán ningún valor y no serán seguidas por ellos ya que no estará presente para supervisarlo. La figura de este padre es muy positiva para el niño ya que le da lo que quiere y no le pone límites, pero al igual que con el padre amigo echará en falta una guía, un patrón a seguir.

Los hijos de un padre ausente, cuando sean adultos serán personas inseguras, con incertidumbre, no tienen las bases de una buena actitud, no saben resolver y enfrentarse a los problemas porque nadie les ha enseñado. Darán mucho valor a las cosas materiales y serán impacientes a la hora de conseguirlas, están habituados a conseguir lo que quieren y cuando quieren sin ningún esfuerzo y eso, cuando se es adulto se convierte en una trampa.

Características positivas y negativas

Como vemos cada tipología de padre tiene características positivas y negativas, la clave estará en encontrar el punto intermedio y lograr adquirir y fomentar lo bueno de cada tipología.

Si es un padre amigo, intente poner algunos límites como hace el autoritario, pero sin pasarte.

Si es un padre pasivo intente tomar algo del autoritario y del amigo, mejorará sus relaciones con tus hijos y con el resto de la familia.

Y si es un padre ausente pero preocupado, lo tienes más fácil, no tiene que cambiar su actitud, solo busque todo el tiempo libre que pueda y dedíqueselo a sus hijos, lo importante es la calidad y no la cantidad.

La disciplina y las normas de comportamiento

La Real Academia de la Lengua Española define la disciplina como la «doctrina o instrucción de una persona especialmente en lo moral». Así mismo hace referencia al cumplimiento de una serie de normas, especialmente de comportamiento.
             Todos los niños anhelan tener disciplina, aunque parezca todo lo contrario. Incluso los adolescentes desean en cierto modo tener deberes, obligaciones y límites, aunque a veces sólo sea para poder transgredirlos.
       Pero la disciplina no debe confundirse en absoluto con la violencia o el maltrato, o con la frialdad. No se trata de convertir nuestra vida en un cuartel, pero sí de establecer ciertas normas que todos deben conocer. Estas normas son de muchos tipos:

  • Dentro de la familia: destinadas a la convivencia agradable entre las personas que comparten un espacio, a establecer hábitos de aseo e higiene, a tener presentes conductas saludables en cuanto a alimentación y salud…

    · Dentro de la comunidad: destinadas a la adecuada convivencia entre los miembros de la sociedad: esperar en una fila, respetar las normas de tráfico, ser cívico…

    · En la escuela o lugar de trabajo: las normas específicas de ese grupo concreto de personas.

REGLAS:
Evidentemente las normas deben seguir unas reglas, para que sean eficaces:

  1. Sencillas y comprensibles : Que sean premisas claras, sin excepciones, con un lenguaje sencillo. Siempre se debe asegurar que lo ha entendido
  2. Justas : No hay nada peor que establecer normas injustas o injustificadas. Se debe explicar a los niños el porqué de las normas, adaptando esta explicación a su nivel
  3. Estables : Que se mantengan en el tiempo, que no cambien según el día. Si no se ve la televisión por la noche, no se ve nunca. Y no puede ser que se lo permitamos un día que nosotros estamos cansados para que nos dejen tranquilos.
  4.  Iguales para todos: No deben existir diferencias en el deber de cumplir las reglas entre el resto de la familia.
  5. Ser coherentes: Se debe pensar detenidamente la norma, ya que una vez que se establece no se puede cambiar. Siempre tratarán de saltársela, para probar hasta dónde pueden llegar. Y deben ser cumplidas por todos, incluidos los adultos, ya que se aprende más con el ejemplo que con las palabras.

La importancia de establecer unas normas dentro de la familia:

            Debemos ser conscientes de las siguientes realidades:

  • Padres e hijos no son iguales en todos los aspectos. La natural dependencia del niño en relación con la seguridad, el apoyo y la alimentación, otorga a los padres una responsabilidad natural sobre amplias áreas de la vida del niño.
  • Los padres que castigan a los niños que no se comportan como se espera de ellos, no son «malos padres». El castigo sólo es malo cuando:
    1. No sirve para cambiar el comportamiento de un niño
    2. Acarrea consecuencias no deseadas para el niño
  • Los padres promueven el sentido de la seguridad en los niños cuando dicen exactamente lo que pretenden, cuando lo dicen claramente y cuando son coherentes y predecibles en su comportamiento.
  • Un niño puede desarrollar su sentido de la responsabilidad sólo cuando se le considera responsable de sus actos. Este sentido de la responsabilidad puede y debe ser enseñado por los padres.
  • La autoridad paterna no tiene porqué ejercerse de manera abusiva, mezquina, dura o dañina para el niño. No obstante, la autoridad corresponde a los padres.
  • La mayor parte de las dificultades entre padres e hijos surgen de la lucha que se establece por disponer de poder y control. Los padres deben saber cómo ganar esta batalla cuando sea necesario, de modo que puedan otorgar poder a sus hijos cuando sea más aconsejable.

Las claves para resolver la mayoría de las dificultades que los padres tienen con sus hijos consisten en establecer unas normas, marcar las consecuencias que se derivan de la ruptura de esas normas y utilizar una disciplina coherente. Las normas efectivas contribuyen a que el niño se sienta seguro, de modo que no tenga que comportarse mal. Un conjunto de normas define cuales son las relaciones entre los miembros de la familia, ofrece pautas para tomar decisiones y proporciona ideas sobre cómo deben producirse los cambios dentro de la familia. El procedimiento de establecer normas y límites para los niños no es inamovible pues deben irse ajustando a las circunstancias cambiantes como el crecimiento físico, la maduración intelectual y afectiva y las nuevas condiciones de la vida familiar.

Los pasos a seguir para establecer normas son:

  1. Observar cuidadosamente a los hijos

La mera presencia de los padres hace que el comportamiento de un niño no sea realmente el que tendría. Para entender esos «otros» comportamientos debemos ser capaces de observar a los niños sin que éstos se den cuenta de nuestra presencia. También preguntar a amigos o parientes qué les parece el comportamiento de su hijo. Cuando se observa a un niño lo que si hay que evitar es la tendencia a ser únicamente las cosas que hace mal, en lugar de observar su comportamiento general.

Una de las principales dificultades que experimentan los padres cuando observan a sus hijos deriva de sus deseos de intervenir en su comportamiento. Si usted quiere que su hijo se comporte «adecuadamente», recuerde que una intervención desafortunada sólo puede conseguir un comportamiento indeseado.

  1. Analizar las situaciones problemáticas

En primer lugar, averigüe cual es el problema. La mejor manera de definir un problema es identificar un comportamiento que desee cambiar.  Una de las tentaciones que más frecuentemente sufren los padres al definir un problema consiste en querer modificar el estado emocional o los sentimientos del niño. Lo más eficaz, por el contrario, es tratar de modificar el comportamiento. Si se consigue modificar un comportamiento, la mayoría de las veces cambia también el estado emocional que sustentaba ese comportamiento.

Una vez definido el problema, el paso siguiente será analizarlo. Para hacerlo necesitamos toda la información que podamos reunir: ¿Cuándo ha surgido? ¿Cómo? ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Que parte de él nos corresponde? ¿Cómo reaccionamos? ¿Entendemos porqué reaccionamos de ese modo? ¿Qué nos gustaría hacer? ¿Cómo nos gustaría que se resolviese esta situación por si sola?. Para analizar cada problema lo más conveniente es que los padres, entre sí o con otra persona, sean capaces de hablar.

Tras analizarlo, el siguiente paso consistirá en considerar las distintas posibilidades para poder resolverlo. Después, convendrá revisar cada una de ellas teniendo en cuenta si somos capaces de hacer lo que cada posibilidad exija, las consecuencias probables que ello pueda tener en el niño y en nosotros mismos, y también si la solución es razonable en cuanto se refiere a tiempo, energía y dinero.

  1. Establecer las normas
  • Las normas deben ser razonables
  • Los padres deben asegurarse de poder distinguir cuando se ha cumplido la norma y cuando no.
  • Hay que describir las normas con detalle
  • Las normas deben establecer un límite de tiempo
  • Debe existir alguna consecuencia prevista si se rompe el cumplimiento de una norma
  • Ser coherentes al aplicarlas

La coherencia es una manera de informar al niño de que los padres piensan realmente lo que dicen. La aplicación coherente de buenas normas promoverá el orden y la disciplina en la familia, dará seguridad y contribuirá a que todos ofrezcan una mejor disposición.

Cómo tomar decisiones sobre su hijo

Los padres a los que se les hace tan difícil tomar decisiones respecto a sus hijos no tienen confianza en cómo debe actuarse. Para ciertos padres, cualquier resultado que no sea una comprensión inmediata y espontánea o una respuesta efectiva a las dificultades, es señal de su incapacidad personal. Esto es una auténtica tontería, NADIE HA NACIDO SIENDO PADRE. Por el contrario, ser padre es algo que se aprende.

No resulta sencillo adoptar decisiones sobre cómo proceder con los hijos. Tenemos que hacer lo que podamos con lo que tenemos. Como padre, usted necesitará disponer de tiempo para sentarse tranquilamente a analizar las dificultades de sus hijos y para decidir qué hacer.

Cuando los padres se muestran indecisos en relación con sus hijos, éstos lo perciben y ello afecta a sus sentimientos de seguridad y de bienestar.

Si nos equivocamos al escoger, padres e hijos seguimos juntos y podemos así corregir los errores cometidos en el pasado. Esta voluntad de actuar con decisión, incluso ante la posibilidad de cometer errores, es lo que permite al adulto adquirir cierto grado de confianza, la que a su vez le proporcionará la capacidad de corregir sus errores.

Los padres que se muestran indecisos ofrecen a sus hijos una inmejorable oportunidad para ser caprichosos y dominantes creando un clima de tensión cada vez mayor.

Cuando los padres están además dispuestos a admitir sus errores y a aprender de ellos, también están creando el clima necesario para que los hijos, a su vez, admitan sus propios errores y aprendan de ellos.

Cómo mostrar autoridad:

Para mostrar descontento con el comportamiento de sus hijos, algunos padres recurren a los castigos, que pueden ser físicos. Sin embargo, recurrir a la bofetada es un error muy grave que cometen los padres porque si los padres saben educar, nunca van a tener que levantar la mano al hijo, y si lo hacen es porque algo han hecho mal. Otros castigos pueden ser los gritos, las riñas o los insultos, a los que los padres recurren porque el efecto inmediato es que los niños dejan de hacer sus fechorías. “Pero sucede que el efecto de los castigos es momentáneo. Por lo general, los padres que castigan a sus hijos se quejan de que el niño no aprende por más que lo castigan y que deben castigarle una y otra vez”.

Un castigo es un factor que permite que una conducta disminuya de frecuencia mientras se aplica el castigo, pero que, de la misma manera, hace que la conducta indeseada aumente cuando el castigo cesa. Los inconvenientes, por lo tanto, de esta situación son dos: por un lado, al tener un efecto momentáneo, el niño repetirá la conducta castigada nuevamente, mientras que los padres, al notar que el castigo surte efecto en el momento en que lo aplican, tienden a castigar cada vez más y con mayor energía. Como consecuencia de todo esto, el niño no aprende a mejorar su comportamiento sino a perfeccionar sus travesuras para evitar el castigo, a los que poco a poco se hace insensible. Además, sean o no físicos los castigos, inducen un aumento de la agresividad de los niños.

Por su parte, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles insiste también en que “en ningún caso el sistema de castigos debe aplicarse”, bien porque su efecto es temporal y la conducta vuelve a repetirse, o porque “lo que el adulto considera desagradable para el niño, en realidad no lo es para él y, en vez de considerarlo un castigo, se convierte en un reforzador, aumentando el comportamiento desadaptado en intensidad y frecuencia”. Asimismo, hay que cuidar los comentarios que se transmiten al niño, puesto que cuando el niño escucha expresiones como ‘eres un desordenado’ o ‘eres malo’, “lesiona gravemente su autoestima”.

Lo preferible es que los castigos sean sustituidos por técnicas de sanción, con las que el niño aprenderá las consecuencias de sus actos, de las que sólo él será protagonista. Si el pequeño no obedece las normas, debe aprender por sí mismo a resolver los problemas porque nadie los va a resolver por él. Si un niño deja la ropa sucia en el suelo, los padres no pueden recogerla y llevarla a la lavadora, sino al cajón, pero sucia. Entonces el niño recibirá las consecuencias de sus actos cuando quiera ponerse una ropa limpia y vea que no lo está. En la misma línea, al niño que no quiera comer no se lo podrá hacer otra comida hasta que no termine lo que está en el plato y, por supuesto, está totalmente prohibido darle de comer entre horas. Y si no se quiere ir a dormir a la hora que marcan los padres, es posible que elijan ellos la hora, pero al día siguiente deberán levantarse igualmente para ir al colegio o hacer las tareas como si se hubieran acostado pronto.

Alternativas al castigo

  1. Recompensar las actitudes positivas:

El objetivo de los padres es que sus hijos aprendan nuevas pautas de comportamiento para que, a la larga, varíen su conducta. Por este motivo, hay que buscar técnicas que consigan efectos a largo plazo, no momentáneos. Las políticas de recompensa son las técnicas que nos van a servir para este objetivo de conseguir efectos estables.

Estas políticas se basan en el hecho de que las personas tienden a realizar las cosas en las que hallan una compensación y evitan las que les suponen un esfuerzo o una dificultad que no va a ser compensada. En el caso de los niños, aprenderán y repetirán mejor los comportamientos con los que obtengan algún beneficio, aunque hay que tener cuidado con las recompensas y el modo en que se administran. Muchos padres asocian la idea de recompensa con la de un bien material. Sin embargo, las recompensas más eficaces son las más inmateriales: el elogio, la atención, el afecto, la compañía, suelen ser las más económicas y rentables No se puede pretender, eso sí, que la misma recompensa sirva como tal en cada ocasión, aunque a menudo sirva para que el niño aumente la confianza en sus posibilidades.

La pregunta es ¿qué se debe recompensar exactamente?. Hay que dar atención, afecto y elogios ante las conductas que interesa que el niño reproduzca, desde el momento en que el niño intenta actuar correctamente. También hay que tener en cuenta otros aspectos:

  • Dan mejor resultado las recompensas que se aplican en el mismo momento en que se produce la acción que se quiere recompensar, porque si se pospone se corre el riesgo de que el niño olvide por qué se le premia.
  • No es necesario recompensar cada vez que el niño hace algo bueno. Es mejor recompensar de vez en cuando cada dos o tres veces, para que el niño no pueda predecir cuándo se le a premiar.

 Cuando los padres no encuentran en sus hijos conductas que compensar, como en el caso de los niños muy conflictivos, lo más acertado es establecer conductas alternativas e informarle de lo poco apropiada que es la conducta que ha tenido hasta ese momento. El objetivo es que, sin exaltarse ni gritar, los padres inculquen a sus hijos nuevas conductas. Una estrategia con la que, además de cambiar la conducta de los pequeños, se estrecharán lazos entre padres e hijos.

  1. Premios y recompensas

En cuanto al método de recompensas o premios, muchos padres lo utilizan porque inicialmente parece una manera sencilla de controlar la conducta de los hijos. Sin embargo cuando esta pauta se aplica de forma excesiva e indiscriminada, el niño puede llegar a creer que hace un favor portándose bien y por eso deben tener ganancias, sin llegar a comprender las normas. Así también llega un momento en que los premios se agotan y cuando esto sucede ya no es posible controlar su conducta.

Para aplicar correctamente el método de recompensas es necesario comprender que los niños pueden ser premiados, pero no por aquellas conductas que son parte de sus responsabilidades, se deben reconocer los logros del niño y estimularle a que siga adelante, a fin de que el niño se sienta como un miembro de la familia, con responsabilidades y también con derechos, pero no así para controlar su conducta.

Recuerde:

Cuando usted establece normas de disciplina en su hogar está amando a sus hijos, preocupándose y ocupándose de su formación, y otorgándoles las herramientas para que se desarrollen de forma integral como seres humanos seguros de sí mismos, auto-controlados y de beneficio a la sociedad.

¿Cómo aplicar la disciplina?

  • La disciplina que se aplique debe de estar de acuerdo a la edad y capacidades del niño.
  • Los límites deben ser claramente definidos por los padres, y comprendidos por los hijos antes de ser exigidos como pautas de comportamiento.
  • Una vez que su hijo sepa lo que se espera de él considérelo responsable de su comportamiento . Esto parece fácil, pero frecuentemente conduce a una competencia de voluntades con el niño. Es muy importante que los padres ganen esos enfrentamientos.
  • Distinga entre el desafío intencional y la irresponsabilidad infantil. Olvidar, perder, romper y derramar cosas no son desafíos al liderazgo del adulto, y esas situaciones deberían manejarse muy bondadosamente.
  • Tranquilice al niño e instrúyalo tan pronto como el tiempo de enfrentamiento pase. Abrácelo y utilice esa oportunidad para explicarle con mucho cariño lo que acaba de ocurrir.
  • Evite exigencias imposibles. Esté absolutamente seguro de que su niño es capaz de hacer lo que usted le exige.
  • Permita que el amor sea su guía. Es muy probable que la relación sea buena cuando está caracterizada por afecto y amor genuinos.
  • Lo que se limita es la conducta nunca los sentimientos. Al llamarle la atención señale la conducta y no al niño. Esto le permitirá comprender que lo que debe modificar es su conducta y no a él mismo.
  • Las consecuencias deben de ser inmediatas al mal comportamiento. Deben ser apropiadas de acuerdo a la trasgresión y de corta duración.
  • Constantemente alabe lo que su hijo hace bien.
  • Los límites deben fijarse de manera que no afecten el respeto y la autoestima del niño ni de los padres. Se trata de poner límites sin que el niño se sienta humillado, ridiculizado o ignorado y, a la vez, de que el padre no se siente irrespetado por el niño.
  • Cuando sus hijos sean mayores, las reglas y consecuencias se negocian, se discuten y se llega a acuerdos. Una manera eficaz es elaborando contratos por escrito en donde se establezca lo que se espera de ellos y qué pasa sino lo cumplen.
  • Sea firme y constante.
  • No sea repetitivo, los hijos necesitan que se tomen acciones. No es útil repetir insistentemente las mismas instrucciones ya que les habituamos a hacer “oídos sordos” a nuestras exigencias, porque saben que lo repetiremos muchas más veces.
  • Póngase de acuerdo con su pareja, ambos deben coordinar y no contradecirse.

FRASES

  • Evite el abuso físico, verbal, autoritarismo y sobornos, la mayor parte del comportamiento del niño es aprendido. Eduque con disciplina positiva.

La Naturaleza de la Disciplina Positiva. Ejemplos prácticos:

Los padres que usan una disciplina positiva respetan, alimentan, y apoyan a sus hijos. Los niños se sienten con más libertad de compartir sus ideas y sentimientos, escoger opciones, y hacer preguntas. Hay muchas técnicas de disciplina positiva que los padres pueden considerar. Algunas de éstas incluyen:

Ofrezca frases positivas–«Mira que bien estás cortando esas manzanas!»

Haga preguntas–«¿Qué debemos de hacer después?»

Use apropiado lenguaje corporal–mueva la cabeza, sonría, y mire directamente a los niños.

Baje su posición corporal–agáchese, hínquese, o siéntese al nivel de los niños.

Reestructure el ambiente–quite objetos que inviten a una mala conducta.

Dirija la conducta–«Aquí está una esponja para poder limpiar la mesa.»

Re-dirija la conducta–Marta bota la pelota de baloncesto alrededor del cuarto familiar. «Puedes botar tu pelota afuera en el jardín.»

Distracción–Guille rueda su triciclo en contra de los rosales. «Puedes venir con tu triciclo conmigo al buzón.»

Brinde opciones–«Debemos de recoger primero los bloques azules o los amarillos?»

Anime los intentos de los niños–Mientras quita el polvo a los muebles, Pedro mueve el plumero alrededor del cuarto. «Puedo ver que limpiaste el piano y las sillas. Están muy limpios.»

Demuestre conducta deseable–Los padres se lavan las manos con jabón y agua antes de cada comida, tanto como se lo piden a los hijos que lo hagan.

Ignore malas conductas–Alejandra hace caras chistosas mientras come su cena. Mamá y Papá no responden.

Ponga límites específicos– David continúa jugando con  los cochecitos. Papá le dice a David que guarde los juguetes.

Tome un descanso–Papá tiene a David en descanso por varios minutos en una habitación que está segura y aburrida. Después Papá dirige a David a recoger los cochecitos  e ir a jugar con ellos en una habitación de juego.

Debemos evitar  la Disciplina Negativa. Ejemplos prácticos

Algunos padres usan la disciplina negativa para controlar la conducta de sus hijos. Esto puede resultar en niños enfadados y agresivos o que tengan una baja estima de sí mismos. Estrategias negativas incluyen:

Ordenes--«Vete allá y siéntate!»

Frases desagradables--«¡No toques eso!» o «¡No hagas eso!»

Frases de crítica–«¡Oh no, vas a tirar eso!»

Frases ofensivas–«¿Cuándo vas a aprender a estar listo para ir a la cama a tiempo?»

Frases amenazadoras–«¡Si no puedes comer bien ahora, vas a estar en un problema más grande de lo que piensas!»

Castigos irrazonables–«Vete a tu cuarto por todo el día!»

Coraje explosivo–Expresiones de sentimiento emocionales y verbales

La importancia de controlar el nerviosismo:

Hay una variedad de maneras positivas para poder lidiar con el coraje y frustración. Algunos padres les dicen a sus hijos, «Necesito un momento para calmarme; estoy muy enojado ahora.» Otros se calman contando hasta 10 o con salirse del cuarto por unos minutos. Algunos padres describen sus sentimientos a sus hijos para ayudarles a entender que es lo que les molesta de ellos. ¿Qué funciona mejor para usted?. Los padres que pueden frenar el sentimiento de coraje hacia sus hijos son capaces de usar una técnica de disciplina positiva mejor.

Una disciplina efectiva comienza mucho antes de que se necesite corregir algo y depende de la relación de confianza entre el padre y el hijo.

Prevenir conductas antes de intervenir

Las personas que mejor ejercen disciplina son las más amadas por aquellos a quienes reprenden. Esto es porque la disciplina efectiva depende de la relación entre la persona que está disciplinando y aquella que está siendo disciplinada.

Si quiere que sus hijos hagan caso a lo que tienes que decir, tiene que prepararse de antemano para asegurarte de que le escucharán. Ellos deben estar seguros de que aquello que tienes para decirles es para su beneficio.

Esto significa que una relación fuerte, amorosa y de confianza debe existir antes de que la primera reprimenda se escape de tus labios. Tienes que hacer que tus hijos sean tus discípulos. No es casualidad que la palabra “disciplina” deriva de la palabra “discípulo”.

Si es Importante Para Ti, es Importante Para Mí

El amor puede ser definido así: “si es importante para ti, es importante para mí”. Tiene que enseñarle esto a sus hijos pues las palabras no son suficientes.

Déle a sus hijos un espacio en su mente: Haga tiempo para ellos y escúchelos. Cuando su hijo de tres años viene a la casa balbuceando sobre su día de excursión, usted está cansado y piensa: “Esto es sólo un balbuceo”. No aparte a su hijo. Intente hacerse a si mismo a un lado y escúchelo.

Si expresa que aquello que es importante para su hijo no es necesariamente importante para usted, puede estar seguro de que llegará el día en el cual sus hijos le enviarán un mensaje: «lo que es importante para ti (papá), no es importante para nosotros».

Una vez que haya construido la “base de la disciplina” consérvela y construya una disciplina productiva siguiendo los siguientes principios:

* Mantenga la distancia

Siempre tenga en mente que el castigo es para el beneficio de su hijo, y no para su beneficio. Esto requiere una dosis saludable de objetividad emocional.

Rabbi Simja Wasserman, dijo: «Tu hijo o hija no es tuyo, sino que es un depósito de confianza hecho por Dios. El criarlo y educarlo bien es la manera de mostrarle a Dios que fue puesto en buenas manos”.

Recuerde que cuando el niño se comporta mal es porque tiene un problema de disciplina y usted está ahí para ayudarlo. Si cuando lo ve actuando, ve el problema del niño como su propio problema, entonces verá todo subjetivamente – con miedo y confusión – y perderá la habilidad de ayudar a su hijo a mejorar su comportamiento (y también él perderá la credibilidad).

* Sea específico

Cuando guíe a su hijo sea muy claro. Decirle a un niño: “cruza la calle con cuidado” no es suficiente, porque “con cuidado” puede ser interpretado de muchas maneras. Tiene que ser específico: “Mira ambos lados y camina rápido, y sólo si vez que no hay coches cruza la calle”.

Generalmente es una buena idea el hacer repetir a su hijo lo que has dicho. Puede ser que no haya sido tan claro como pensó. De esta manera, también evita que tu hijo le diga después de haberse equivocado, que “no le entendió”.

* Déle un Ejemplo

Antes solía ocurrir que los hijos veían modelos de disciplina en sus casas. Cuando varias generaciones vivían juntas, los hijos veían a sus padres escuchar a sus abuelos. Hoy, tienes que salirte de tu camino para darles ejemplos de adultos escuchando y llevando a cabo enseñanzas y consejos.

Cuando los abuelos vengan a tu casa, asegúrese de que sus hijos vean cómo los honra y los respeta.

* Sea Justo

Asegúrese de que el castigo sea proporcional al “crimen” y que sea impuesto de manera justa e imparcial. La función básica de un padre es preparar a sus hijos para la vida, y por lo tanto el castigo debe ser – así como muchas veces en la vida – una consecuencia natural del “crimen”.

Además, esto ayuda a eliminar cualquier sentido de resentimiento por parte del niño, ya que el mal comportamiento fue la causa natural de la consecuencia.

* Sea Firme

Medir los límites es una tendencia humana natural. Los hijos automáticamente quieren saber hasta dónde pueden llegar. Una vez que decida algo debe apegarse a ello incondicionalmente.

Esto no significa que deba ser un terco, pero debe prepararse para mantener su postura. Si es necesario, tómese el tiempo para determinar la reacción o el castigo apropiado para que pueda estar seguro de que podrá vivir con lo que ha escogido.

* Sea  consecuente

Nunca prometa. Pocas cosas pueden llegar a destruir su credibilidad tan rápido como una promesa sin cumplir. Si no cumple con una promesa, hay una gran posibilidad de que su hijo nunca se olvide de eso, incluso que sea una promesa muy pequeña. En lugar de prometer diga: “voy a tratar…” o “si puedo…”.

* Sea Amigable

Si su hijo percibe que está siendo disciplinado porque está enojado, y no porque él ha hecho algo erróneo, puede llegar a mal entender la razón por la cual está siendo reprendido. Sea amigable y mantenga la calma. No deje que pase mucho tiempo para responder a su comportamiento negativo, pero si necesita, espérese un período de tiempo hasta que se tranquilice y pueda poner disciplina de la manera adecuada.

Todas estas recomendaciones pretenden cuidar la relación familiar, establecer unos criterios de actuación y determinar las normas. Estas decisiones favorecerán el clima familiar y, sobretodo, favorecerán a su hijo. Algunas pistas para que los niños desarrollen su autoestima:

  1. Desarrollar la responsabilidad del niño en un clima de aprendizaje, dándole la oportunidad de desarrollar tareas en un ambiente cálido, participativo e interactivo.
  2. Darle la oportunidad para tomar decisiones y resolver problemas, mostrando confianza en sus capacidades y habilidades para hacerlo.
  3. Reforzar positivamente las conductas siendo efusivo, claro y concreto.
  4. Establecer una autodisciplina poniendo límites claros, enseñándoles a predecir las consecuencias de su conducta.
  5. Enseñarles a resolver adecuadamente el conflicto y a aprender de los errores y faltas como algo positivo, habitual en el crecimiento y en la vida en general.
  6. Usar algunas reglas básicas del lenguaje: Distinguir entre conducta e individuo, esto es, no globalizar ni personalizar.

En cuanto a este último punto, merece la pena que nos paremos a reflexionar sobre cómo es la comunicación con nuestros hijos. Se ha dicho muy acertadamente que para una buena comunicación, más importante que saber hablar es saber escuchar. Tenemos que aprender a escuchar, y para ello necesitamos tener y dar el mejor regalo para un hijo: el tiempo. Una buena estrategia es reservar momentos para disfrutar juntos y poder dialogar cuando estemos tranquilos, relajados y no agobiados por la prisa, el cansancio o un enfado. La forma de escuchar, y también de hablar, depende por supuesto de cada edad, pero en cualquier caso los niños tienen que sentir que les prestamos atención puesto que para ellos es importante lo que nos quieren comunicar con sus palabras, sus gestos o sus silencios. Precisamente por ello tenemos que estar atentos en el día a día, preguntarles, tocarles, hablarles a menudo y no dejarlo para cuando tienen una rabieta o hacen una trastada.

El respeto mutuo es una base fundamental para el diálogo. También lo es que seamos coherentes con lo que sentimos, lo que decimos y cómo lo decimos. Los niños pequeños en especial, son muy sensibles al lenguaje “no verbal”, es decir, nuestros gestos, miradas y tono de voz. En el caso de los niños más mayores, será necesario explicar el porqué de las normas. Más adelante, en el caso de los adolescentes, tendremos incluso que desarrollar habilidades de negociación. Por otra parte, tenemos la obligación de ser sinceros con nuestros hijos; responder honestamente a sus preguntas, intentando adecuar nuestras respuestas a lo que puedan entender; y si no sabemos algo, admitirlo y tratar de encontrar con ellos la respuesta.

Comunicarse es también aprender a hablar desde el “yo” y concretando al máximo. Por ejemplo, si no nos gusta que el niño tenga la habitación desordenada le diremos con firmeza exactamente eso: “Me disgusta y enfada que tengas el cuarto desordenado, así que me gustaría que metieses tus juguetes en el armario ahora mismo”. Si en cambio nos limitamos a decir: “Eres un desastre y un desordenado, ¿cuándo cambiarás?”, el niño probablemente no sabrá por qué se lo decimos, ni qué es lo que tiene que hacer. En este sentido también es primordial evitar hacer juicios de valor y, por supuesto, insultar o menospreciar. Por ejemplo, si el profesor del niño nos dice que no ha hecho los deberes, evitaremos decirle sin más: “Eres un vago, un mentiroso, un caradura y seguro que no llegarás a ser nada en la vida”. En cambio será más constructivo preguntarle por qué ha mentido, al mismo tiempo que le señalamos nuestro disgusto porque no ha cumplido con su deber y que esperamos sinceramente de él que haga lo posible para aprobar.

En definitiva, educar también implica la capacidad de evaluar los aciertos y errores del viaje y la posibilidad de corregir el trayecto, con humildad pero con decisión.

A modo de resumen:

La base de la disciplina positiva está en:

  • creer firmemente que todos en la familia son importantes
  • transmitirle a los hijos que Uds. los quieren y que ellos son muy importantes para Uds.
  • transmitirles que la familia funciona si todos colaboran
  • transmitirles que cada uno en la familia tiene responsabilidades y tareas que cumplir
  • y, por supuesto, mostrar respeto por los hijos

Durante la infancia los padres tienen que:

  • establecer una rutina diaria
  • poner límites justos
  • proporcionarle a cada hijo su espacio personal
  • tener normas claras
  • en vez de utilizar el castigo, dejar que el niño sienta las consecuencias de sus acciones
  • en vez de utilizar las recompensas para premiar los trabajos cumplidos, motivar a los hijos a colaborar por el bien de la familia

A medida de crecen los hijos los padres tienen que:

  • aprender a compartir su poder dentro de la familia y dejar que los niños muestren su iniciativa y opinen
  • promover una comunicación clara
  • escuchar a los hijos y analizar sus sugerencias

Recuerden que:

El gran motor que facilita la conducta positiva de un niño es el QUERER PERTENECER a su familia.

Otros impulsores de una conducta positiva en el niño es el SENTIRSE QUERIDO y SENTIRSE TOMADO EN CUENTA por sus padres.

A medida que crece, el niño se da cuenta de qué cosas agradan a papá y a mamá y va querer agradarlos para sentirse querido y sentirse tomado en cuenta.

Por ejemplo:

  • Si el niño nace en una familia donde todos tienen responsabilidades definidas y el ser responsable es algo valioso para los padres, el niño se esmerará en ser responsable porqué de esta manera agradará a sus padres y se sentirá importante.
  • Si el niño nace en una familia donde es importante ser ordenado y respetar el espacio personal y las pertenencias de los otros, el niño se esmerará en ser ordenado y respetuoso de las cosas de sus hermanos y de sus padres, porqué de esta manera agradará a sus padres, se sentirá parte de la familia y valioso.

Lo arriba expuesto es un descripción del clima y del ambiente en el cual se da una DISCIPLINA POSITIVA.

Sin este ambiente no se puede dar una disciplina positiva.

Cuando el niño se siente tomado en cuenta, útil y valioso no tiene porqué recurrir a conductas negativas para llamar la atención o expresar su rabia.  El sentirse tomado en cuenta hace que los problemas de conducta desaparezcan.

 

 

 

 

 



Categoría: Sin categoría | Comentarios desactivados en CÓMO POTENCIAR UNA ADECUADA DISCIPLINA
marzo 23

PAUTAS PARA HACER DEBERES CON NUESTROS HIJOS

La realización diaria de deberes persigue diferentes objetivos justificados desde el punto de vista educativo: asentar rutinas de trabajo personal y autónomo, afianzar aprendizajes iniciados en el aula, asumir responsabilidades, trabajar la disciplina y la superación personal con el esfuerzo diario y determinar si se han comprendido las explicaciones del profesor o se precisan aclaraciones adicionales que garanticen un adecuado aprendizaje.
El problema surge cuando, como padres, queremos ayudar a nuestros hijos pero no sabemos cuáles son los límites o la mejor forma de llevarlo a cabo. Por ello, en primer lugar, debemos tener claros qué objetivos debe tener nuestra intervención y los expuestos anteriormente pueden servirnos de referencia. Partiendo de ellos, a continuación se ofrecen una serie de consejos que podrían ser de utilidad para ayudar a nuestros hijos:

1. Buscar un lugar apropiado que garantice la comodidad y la concentración. Debemos disponer de una silla y mesa cómodas, eliminar los elementos distractores (ordenador, televisión, radio, etc) cuyo funcionamiento pueda dispersar la atención y tener encima de la mesa únicamente aquello que vayamos a n ecesitar. El lugar debe estar lo más aislado del ruido posible. Todo ello favorecerá un ambiente propicio de trabajo y evitará pérdidas de tiempo innecesarias.

2. Planificar un horario de inicio que podamos cumplir cada día de lunes a viernes. Es bueno que nuestros hijos sepan que el momento de hacer tareas siempre empieza a una determinada hora. Para ello dejaremos un tiempo de descanso después de la comida para jugar, leer, ver la televisión, etc, pero empezaremos a trabajar sin demorarlo mucho ya que el cansancio se incrementa a medida que avanza la tarde y las últimas horas resulta más difícil garantizar la concentración y la eficacia.

3. Planificar el trabajo a realizar. Como se ha dicho anteriormente, uno de los objetivos que persigue la realización de tareas es que los niños sean autónomos en su organización y planificación del trabajo para fomentar su responsabilidad frente a sus obligaciones personales. Por ello, es necesario dedicar un tiempo inicial a planificar la forma de organizar el horario de estudio y tareas de cada día concreto.
En primer lugar, determinaremos qué tiempo vamos a dedicar al repaso, memorización y estudio de algunas materias. Esto debe ser prioritario y hacerlo al principio, para evitar cansancio y garantizar una adecuada concentración. Posteriormente, cuando hayamos terminado el estudio, comenzaremos por las tareas, ejercicios y actividades. Siempre daremos prioridad a las que sea necesario presentar al día siguiente y, si podemos, iniciaremos aquellas que haya que completar para días posteriores. Debemos tener claro que aquello que resulte más complejo a nuestros hijos debe hacerse antes y dejar para el final lo mecánico o distendido. Suele ser un error muy frecuente, en alumnos mayores, empezar haciendo tareas y dejar para lo último el estudio. La consecuencia es que pocas veces tienen ganas suficientes para ponerse a estudiar después de una jornada agotadora y solo estudian el día de antes del examen. Este es un error que hay que evitar creando hábitos adecuados desde el principio.

4. El tiempo de descanso es fundamental. Éste debe realizarse en función de la edad de los niños para evitar excesivo cansancio y agotamiento que acaba derivando en una falta de motivación y enfrentamiento con los padres. No es correcto tampoco abusar de los descansos porque podemos romper momentos de concentración que luego son difíciles de recuperar. En definitiva, debemos conocer el tiempo máximo de concentración que tienen nuestros hijos y, una vez cumplido, hacer un pequeño parón de no más de media hora para merendar, hablar de forma distendida o realizar una breve actividad lúdica que permita volver al trabajo sin problemas.

5. Observar su capacidad de concentración. Una vez que hemos planificado la forma de organizar la jornada y hemos determinado el tiempo que dedicaremos a cada tarea, llámese estudio, actividades o trabajos, observaremos la capacidad de concentración de nuestro hijo y el tiempo que presta una atención focalizada a lo académico. Este tiempo, si trabajamos bien las rutinas propuestas, debe irse incrementando y ser cada vez más eficaz.

6. Debemos dejarles hacer, potenciar su autonomía. Un error muy frecuente es que los padres hacemos las tareas a nuestros hijos. Esto, lejos de beneficiarles, les perjudica y puede generar una dependencia del adulto que derive en inseguridad y apatía. Si nuestros hijos saben hacer los deberes solos, tenemos que dejarles porque de otra forma les privamos de la oportunidad de aprender y crecer. Ellos deben ver en nosotros alguien a quién acudir si tienen dudas y pueden mostrarnos la tarea terminada, pero debemos darles el margen de equivocarse y aprender de sus errores. Esto no debe interpretarse como un fracaso, sino como parte del mismo proceso de aprendizaje.

7. Elogiar su esfuerzo. Debemos transmitir a nuestros hijos que no deben luchar por ser los mejores de la clase, sino superarse a sí mismos. El esfuerzo, la persistencia en el trabajo, el interés, las ganas de aprender y la capacidad de sobreponerse a sus errores debe ser lo que más orgullosos nos haga sentir. No solo los resultados cuentan, en el colegio todos estos aspectos también son calificados y evaluados porque crean personas con unas actitudes ante la vida. Por ello, debemos ser muy explícitos a la hora de transmitirlo a los niños y no escatimar en elogios, caricias y abrazos que así lo demuestren.

8. Coordinarnos con el centro. Tendremos muchas ocasiones en las que no sepamos solucionar sus dudas o ayudarles en determinadas tareas. En estos momentos la coordinación con el centro es imprescindible. Podemos comunicarnos con el profesor pertinente para explicar nuestra situación o pedir aclaraciones sobre la forma de proceder. Desde el centro educativo el profesorado agradece el interés de la familia por trabajar unidos en beneficio de los niños, ya que es tarea común. Por ello, es igualmente importante no hacer comentarios ofensivos hacia los profesores que puedan ser escuchados por los niños, ya que desautorizamos su labor y nuestro hijo puede sentirse muy confundido. Las dudas o sugerencias es mejor tratarlas en persona.

9. Poco a poco debemos retirar nuestra ayuda. Inicialmente dedicaremos mucho tiempo a la planificación del horario de trabajo, la organización a la hora de realizar las tareas, al desarrollo de las mismas, etc. Debemos ser conscientes que esta ayuda, tal y como se ha dicho antes, no puede convertirse en una dependencia hacia nuestra persona. Por ello, una vez que sepan organizar su planificación, supervisaremos los tiempos que dedican a cada materia para finalmente comprobar el trabajo realizado. Este proceso puede durar cursos enteros y dependerá de cada niño. A pesar de ello, debemos observar cierto progreso con el paso del tiempo, de otra forma algo deberíamos cambiar. ¡No pueden llegar a bachillerato y demandar que los padres les ayuden a estudiar!

10. Considerarlo un tiempo para disfrutar con nuestros hijos. Cuando ayudarles en las tareas escolares se convierte en un momento amargo que genera tensiones y deteriora el clima familiar, debemos plantearnos un cambio. Para ello es preciso revisar nuestras expectativas personales sobre lo que queremos que nuestro hijo consiga. El refuerzo positivo, las manifestaciones verbales de orgullo, el elogio delante de la familia sobre sus logros, el reconocimiento de su esfuerzo y la revisión de sus progresos son para ellos más importantes que unas calificaciones numéricas. Debemos disfrutar de este tiempo como una parte más en la que contribuimos a su crecimiento desde el cariño y el afecto con grandes dosis de paciencia.

María Sánchez Calvo.

Categoría: Educación Primaria, Escuela de Padres, Familia, Sin categoría | Comentarios desactivados en PAUTAS PARA HACER DEBERES CON NUESTROS HIJOS