Esta última semana de Adviento, estamos escuchando las historias finalistas de un concurso de relatos navideños que se ha realizado en el Colegio Asunción.
Hoy la historia tiene un personaje muy peculiar. Felicidades a la autora del relato, Teresa del Val, que está titulado: ¿Y si el amor es lo importante?
Era una noche muy fría de invierno, y tres hombres acamparon en el desierto. Se sentaron a cenar mientras hablaban de ir a ver a un Niño, que, según decían las señales en el cielo, era el Hijo de Dios. Debía nacer en una aldea de Judea, llamada Belén, en un sitio muy humilde.
Entre tanto, sus camellos estaban comiendo y uno de ellos, el de Melchor, escuchaba atentamente. El animal tenía un gran deseo de encontrarse con ese Niño, del que decían cosas maravillosas. Pero, sin embargo, sabía que era muy feo, peludo, y encima andaba un poco cojo. Era indigno de presentarse ante Dios, y mucho menos de pretender que el Niño le amase. ¿Quién le iba a querer así de feo? El Niño, pensaba el camello, si era Dios, tendría otras muchas cosas más bonitas en las que centrarse, como para querer a semejante bicho. El camello estaba muy triste, y así estuvo el resto de días hasta que llegaron a Belén.
Se acercaron al portal, y los tres Reyes se postraron ante el Niño, adorándolo y dejándole sus ricos regalos. Pero Jesús rechazó los cofres, y mirando fijamente al camello le sonreía. El camello no se lo podía creer. Se acercó al pesebre y tumbándose al lado, lleno de una alegría inmensa, le dio al Niño todo lo que tenía: su calor y su amor. Así, arropado por el pelo y el calor del camello, el Niño se durmió, y el pobre camello comprendió que dar todo lo que tenía era la mejor manera de adorar a Jesús, sin importar si era feo, peludo o cojo. Estas Navidades, imitemos al camello y démosle a Cristo todo nuestro amor.