Durante estos días de Adviento estamos escuchando en la oración de la mañana un pequeño cuento de alguno de los personajes del Belén. Hoy escuchamos la historia de Eliaquim.
Eliaquim era panadero, pero no un panadero cualquiera, sino que era un panadero gruñón. Todos sus vecinos sabían cómo era, pues siempre estaba malhumorado. Si el día salía nublado, esto le molestaba; pero si salía el sol también protestaba. Se quejaba del frío, del calor, de los impuestos, de la gente…
Un día, uno de sus compañeros panaderos, que se llamaba Samuel, le preguntó por qué motivo estaba todo el día de mal humor. Eliaquim le contó que estaba cansado de la vida en general. Lo que veía cada día le hacía pensar que nada mejoraba, que las personas ya sólo se preocupaban de ellas mismas y no pensaban en los demás, que su trabajo era duro y nadie le ayudaba, que las cosas en Judea cada vez estaban peor y nadie las solucionaba… Eliaquim pensaba que el futuro así no pintaba muy bien.
Samuel se entristeció. Él también sabía que las cosas no iban bien, pero no sabía cómo ayudarle. Cuando Samuel volvía a su casa comenzó a escuchar cantos a lo lejos y vió a un montón de gente que venía de un establo. Estaban hablando muy animados, algunos cantaban, otros daban saltos de alegría.
Samuel se acercó a preguntarles qué pasaba. Uno de ellos le contó que en aquel establo acababa de nacer el Mesías, aquel que llevaban tanto tiempo esperando, el que iba a transformar los corazones de las personas y quitarles la tristeza del corazón.
Samuel no se lo podía creer, resulta que había nacido el Mesías. Eso era justo lo que su amigo Eliaquim necesitaba para que pudiera cambiar su tristeza y amargura. Así que corrió de vuelta a buscarlo y lo llevó casi arrastrándolo a aquel establo. Finalmente los dos entraron para contemplar al Mesías recién nacido.
Lo que allí ocurrió y lo que vivieron Eliaquim y Samuel sólo ellos dos lo saben. Lo único que supieron los vecinos es que a partir de aquel día Eliaquim vendía su pan con una sonrisa en la cara.
Para terminar rezamos juntos esta oración:
Gracias, Jesús, por este tiempo de Adviento
en el que vamos preparando tu llegada.
Ayúdanos a descubrir, en cada historia del Belén,
cómo poder vivir nuestra fe también.
Amén