Pasamos a cada apartado.
Gracias, Padre Dios, por este nuevo día que me permites comenzar. Gracias por tu cuidado durante la noche y por la salud que me concedes. Señor, gracias, porque hoy puedo abrir mis ojos y ver la luz del sol. Gracias porque puedo escuchar a los pájaros y la voz de aquellos que amo. Gracias porque tengo algo para desayunar y un lugar donde vivir. Gracias por la brisa refrescante que me fortalece y me anima. Te agradezco por mi familia y mis amigos, por mi trabajo y por tu cuidado constante.
Te doy gracias, mi Señor, por la luz de este nuevo amanecer. ¡Cuántas cosas lindas me rodean! Quiero estar atento a la belleza que está a mi alrededor en lugar de enfocarme en lo negativo. Ayúdame en este día a llenar mi corazón de gratitud con el gozo que viene de ti. Quiero tomar decisiones que alegren tu corazón. ¡Quiero vivir dentro de tu voluntad! Ayúdame a agradarte en todo, Padre amado.
Por favor, mi Señor, te ruego que cuides y protejas a todos los que amo. Que tu mano poderosa esté sobre cada uno de nosotros en este día, guardándonos de todo mal. Gracias porque somos tuyos por la eternidad. Te alabo, mi Señor.
En el nombre de Jesús, amén.
Hace unos días, nos unimos como comunidad educativa para orar por las víctimas y los afectados del terrible accidente ferroviario en Córdoba. El siguiente vídeo recoge el testimonio de Liliana Sáenz, quien, en medio del desgarro por el accidente de Córdoba, nos enseña que tener fe no es evitar el dolor, sino encontrar en él la fuerza para elegir la paz sobre la rabia. Sus palabras son un recordatorio de que, incluso cuando la vida se detiene de golpe, la fe nos permite abrazar la esperanza de que el amor no muere, sino que descansa en los brazos de Dios hasta el reencuentro.