Durante estos días de Adviento estamos escuchando en la oración de la mañana un pequeño cuento de alguno de los personajes del Belén.
Hoy escuchamos la historia que ha preparado Alejandro Caballero, alumno de 1º de ESO B del colegio Pablo VI. Enhorabuena por tu relato.
Joel el mercader
Joel recorría las calles de Belén vendiendo frutos secos y especias. Trabajaba durante largas jornadas de trabajo, llegando cansado a su casa al acabar. Aunque ganaba bastante dinero, a menudo se sentía vacío por dentro.
Una noche, mientras regresaba cansado a su casa, escuchó a varias personas que hablaban con alegría y emoción en una plaza. Decían que había nacido el Mesías en un humilde pesebre. Intrigado, Joel decidió seguir la multitud hacia las afueras del pueblo. El aire olía a esperanza, distinto a cualquier especia que él conociera.
Al entrar en un establo, vio al niño envuelto en pañales, sonriente. María y José lo miraban con ternura, sintiendo una paz en su interior. Joel sintió que sus riquezas no valían nada ante aquel momento. Él decidió arrodillarse en frente de Jesús y abrió su bolsa de especias.
“Que tu vida esté siempre perfumada de amor y fe”, murmuró. Y ofreció un puñado de canela como ofrenda hacia el niño. Entonces, María sonrió y aceptó el regalo con gratitud.
Desde aquella noche, Joel experimentó la vida de una manera distinta. Comprendió que el verdadero tesoro no estaba en sus preciadas mercancías. El Niño Jesús le enseñó que la riqueza es compartir y servir con los demás.
Desde entonces, Joel vendía sus especias con una sonrisa y palabras de esperanza. Cada cliente recibía no solo un aroma, sino también la alegría que el chico había encontrado en Jesús. Joel nunca olvidó aquella visita al pesebre que le enseñó a compartir la verdadera riqueza. Desde entonces su vida cambió para siempre.