Durante estos días de Adviento estamos escuchando en la oración de la mañana un pequeño cuento de alguno de los personajes del Belén. Hoy escuchamos la historia de Aliza.
Aliza trabajaba en el palacio del rey Herodes. Su trabajo consistía en cantar y entretener al rey y a la corte durante sus cenas de gala.
Un día Aliza tuvo que cantar para el rey. Ese día al rey Herodes se le notaba nervioso. Aliza no sabía por qué el rey estaba así, pero ella también se puso nerviosa. Ocurrió que, al cantar, se confundió y desafinó en su canción. El rey no toleró aquello y la echó del palacio diciéndole que nunca más cantaría para él.
Alicia salió llorando de allí. No solamente estaba dolida por haberse quedado sin trabajo, sino también porque no sabía bien qué había pasado. Se sentó al borde de un camino y se puso a pensar qué iba a ser de su vida ahora. Estaba desconsolada, pensaba que su vida ya no tenía sentido. Cuando era niña su madre le había intentado enseñar el oficio de tejedora, pero no le gustaba mucho trabajar duro, sino que prefería bailar y cantar. Ahora pensaba que ya no sería posible buscar otro modo de ganarse la vida.
Estaba absorta en sus pensamientos cuando vió un destello de luz. Aquella luz iluminó totalmente el cielo y bajó hasta la tierra, y vino a posarse entre unas casas cercanas. Aliza acudió corriendo a aquel lugar. Allí vió a una joven mujer que acababa de tener un bebé.
Aliza le preguntó a esta mujer qué significaba aquel brillo tan luminoso que salía de la piel del recién nacido. La mujer le explicó que el niño era el rey de los judíos, el salvador que todos llevaban tiempo esperando.
En cuanto Aliza escuchó la palabra “rey” y “salvador” comprendió que hasta entonces no había entendido el verdadero sentido de su vida. Ella quería cantar para un rey, había pensado que su misión era cantar para el rey Herodes, pero descubrió que el verdadero rey para el que quería cantar era para aquel niño que acababa de nacer, el verdadero rey, el salvador del mundo.
Desde aquel momento Aliza comenzó a cantar un canto nuevo que gustó tanto que se fue transmitiendo de generación en generación… hoy los llamamos villancicos. Y esta es la historia de cómo se originaron.
Para terminar rezamos juntos esta oración:
Gracias, Jesús, por este tiempo de Adviento
en el que vamos preparando tu llegada.
Ayúdanos a descubrir, en cada historia del Belén,
cómo poder vivir nuestra fe también.
Amén.