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Oración del día



Una historia de Adviento

Durante estos días de Adviento estamos escuchando en la oración de la mañana un pequeño cuento donde los personajes del Belén son los protagonistas. Cada uno de ellos tiene su historia de cómo acabó participando en el nacimiento de Jesús.
Hoy escuchamos la historia de Elías.

 

Elías era una hombre que tenía una posada en Belén. Cada día acudían a comer y a hospedarse varios viajeros. Elías tenía un hijo, que se llamaba Israel y que ayudaba a su padre con estas tareas.

Últimamente estaban muy atareados porque tenían muchos clientes, porque el gobernador romano había pedido hacer un censo, es decir, un recuento de las personas que vivían en cada lugar. 

Elías e Israel trabajaban sin parar para atenderlos a todos. Como tenían tanto trabajo ni siquiera se habían dado cuenta de habían llegado nuevos clientes a su posada. Israel se dió cuenta de esto y avisó a su padre que enseguida salió a recibirlos. Sin embargo cuando comenzó a hablar con ellos se dio cuenta de que no tenían dinero. Elías no era una mala persona, pero no trabajaba gratis, así que no acogió a los recién llegados.

Elías siguió con su trabajo, sin embargo su hijo Israel sintió lástima por estas personas. Se trataba de un hombre con su mujer, y además la mujer estaba embarazada. Así que Israel les dijo que había un establo en la parte trasera de la posada, y que podían quedarse allí.

Llegó la noche y todos los huéspedes se fueron a dormir. También Elías y su hijo se acostaron. No llevarían más que una hora durmiendo cuando unas luces les despertaron. Era de noche, pero de la parte trasera de la posada salía una luz muy brillante. Elías bajó asustado sin saber lo que iba a encontrarse, y se quedó sorprendido cuando vió que en el establo estaban los viajeros que él no había querido acoger… y que la luz tan brillante salía de un pesebre donde estaba recostado un niño recién nacido.

Elías entró a la casa y trajo unas mantas y algo de comer. Pero la madre de aquel niño le dijo que no tenía con qué pagarle. Elías respondió que aquella noche había aprendido que hay cosas que sólo se pueden descubrir cuando se hacen desde la gratuidad.

Elías no sabía quién era el niño que acababa de nacer, pero sí descubrió que no quería seguir siendo un posadero al que sólo le preocupaba el dinero. Al ver a aquel niño y al presenciar aquel acontecimiento, notó algo en su interior que le invitaba a cambiar de vida.

 

Para terminar rezamos juntos esta oración:

Gracias, Jesús, por este tiempo de Adviento
en el que vamos preparando tu llegada.
Ayúdanos a descubrir, en cada historia del Belén,
cómo poder vivir nuestra fe también.
Amén