
Del Evangelio según san Mateo
Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Jesús nos invita a detenernos y mirar más allá de la superficie. La semana pasada escuchamos el evangelio donde se nos habló de un rey que había preparado un banquete de bodas e invitó a todos a celebrar pero muchos estaban tan atrapados en sus propios intereses que se perdieron lo verdaderamente importante: la alegría del encuentro.
Hoy unos fariseos intentan atrapar a Jesús mostrándole una moneda romana y preguntándole si es lícito pagar impuestos. Jesús mira la cara del emperador grabada en el metal y responde: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios»
Jesús no divide la vida en dos partes independientes, sino que nos enseña a dar a cada cosa su justo lugar. El «César» representa las exigencias cotidianas: los estudios, las normas y las obligaciones del día a día, con las que debemos cumplir de forma responsable. Pero Dios representa el origen y el fin de todo lo que eres.
Dar a Dios lo que es suyo no es cumplir un expediente religioso ni ir a misa por costumbre; es reconocer que tu propia existencia es un regalo que le pertenece a Él. Significa entregarle tu confianza cuando tienes miedo, ofrecerle tu libertad para hacer el bien, poner a su servicio tus talentos y dejar que sea Él quien defina quién eres.
MOMENTO DE REFLEXIÓN
Cumples cada día con tus tareas, tus estudios y tus aficiones .. pero ¿le estás reservando a Dios su lugar? ¿Alguna vez le das gracias por todo lo bueno que tienes o le pides ayuda ante la dificultad? (Dejamos un momento de silencio )
Terminamos haciendo la Señal de la Cruz