
Todos queremos escuchar a Dios, ¿Por qué no hacemos silencio?
En medio del ruido y las prisas de la ciudad, podemos detenernos un momento a respirar y guardar silencio. Al hacer silencio con la mente y el corazón, aprendemos a escuchar nuestras emociones, a comprender mejor a los demás y a descubrir a Dios que nos habla con amor.
Oración:
Señor, ayúdanos a guardar silencio para escucharte a ti y a las personas que nos rodean con un corazón atento. Amén.
En medio de una ciudad llena de movimiento, ruidos y prisas, alguien decide detenerse. No lleva auriculares ni mira el móvil. Simplemente cierra los ojos. Durante unos segundos, el mundo sigue corriendo a su alrededor, pero ella permanece quieta.
Y en ese silencio… comienza a escuchar.
Escuchar la vida, escuchar al otro, escuchar lo que pasa dentro de uno mismo: las emociones, los miedos, los deseos… Y, si escuchamos con paciencia y atención, quizá también podamos descubrir la voz suave de Dios, que nos susurra y nos invita a seguirle.
¿Te cuesta hacer silencio por dentro cuando todo a tu alrededor hace ruido? ¿De qué forma crees que se puede escuchar a Dios en medio del ruido de cada día?
La escucha verdadera se aprende en la humildad, en el diálogo y en el ejemplo. Escuchar es abrir los oídos, pero también el corazón, para comprender lo que el otro necesita y dejar que Dios nos hable a través de los demás.
Oración Conclusiva
Señor, ayúdanos a escucharte en el silencio y también en las palabras de quienes nos rodean. Que sepamos aprender de los demás con humildad y con un corazón atento. Amén.