Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
Haz una pausa, cierra por un momento los ojos y toma aire despacio.
Imagínate en medio de un campo al amanecer. Jesús nos habla hoy de un hombre que planta una viña, la rodea con una cerca, cava un lagar y construye una torre. Lo hace todo con un cuidado infinito, pensando en cada detalle, y luego te la entrega a ti para que la cuides.
A veces vamos tan rápido por los pasillos, con la cabeza llena de exámenes, notas y pantallas, que olvidamos lo valioso que es el terreno que pisamos. Tu vida, tu inteligencia, tus amigos, las risas de esta mañana… nada de eso es casualidad. Todo es una viña buena que Dios ha preparado minuciosamente para ti.
En el silencio de este momento, mira hacia tu interior. Dios no te pide resultados perfectos ni grandes hazañas, solo te pide que no cierres el corazón, que no actúes con egoísmo como los viñadores del Evangelio, y que te dejes amar por Él.
Señor, gracias por la confianza que pones en nuestras manos. Ayúdanos a cuidar con ternura la vida que nos regalas hoy.
Que el Señor acompañe cada uno de vuestros pasos en este día.
Terminamos haciendo la señal de la cruz