¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis.
Escuchamos Rezando Voy: https://www.rezandovoy.org/infantil/oracion/4102/mirarme-a-mi-mismo (6:50 minutos)
En el Evangelio, Jesús no habla solo; está frente a los maestros y ancianos en el Templo de Jerusalén, cuestionando su falta de coherencia.
Nosotros también nos ponemos hoy en su presencia para dejarnos interpelar por su Palabra y transformar nuestro corazón
Imagínate el lugar: Jesús está en el Templo, rodeado de líderes religiosos que se creen los mejores creyentes porque se saben todas las normas de memoria. Sin embargo, dicen «sí» a Dios con los labios, pero viven de espaldas a la gente. Jesús los mira a los ojos y les cuenta la historia del padre y los dos hijos: el primero dice un «no» rebelde, pero recapacita y va a trabajar; el segundo responde con una sonrisa y un respetuoso «sí, señor», pero pasa del tema.
Con esta escena, Jesús nos descoloca a todos. A vuestra edad, es facilísimo caer en el « postureo» o en prometer cosas para salir del paso: «sí, voy a estudiar», «sí, seré un buen amigo», «sí, cambiaré mi actitud». Pero las palabras se las lleva el viento si no van respaldadas por tus acciones diarias.
Jesús no busca alumnos de boquilla ni respuestas perfectas para la foto. Le importa tu vida real, tus dudas, lo que haces cuando nadie te está mirando. Meterás la pata y tendrás días de apatía o de decir «no», pero lo revolucionario de esta parábola es que siempre estás a tiempo de recapacitar, rectificar y ponerte en marcha. Vale mucho más una rectificación humilde que convierte un fallo en ayuda sincera, que un «sí» brillante cargado de excusas.
Hoy te pregunta Jesús en el corazón: ¿eres de los que solo prometen o de los que respondes con hechos?
Le pedimos que nos regale un corazón auténtico, capaz de hablar menos y amar más con nuestras obras.