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Testigos y Zona de Transferencia

En atletismo, una de las pruebas más espectaculares es la carrera de relevos. Hay muchas circunstancias que determinan la victoria, además del esfuerzo y la preparación individual del corredor. Cada miembro del equipo solo recorre una parte de la distancia, en la que tiene que darlo todo, pero el resto de la carrera no depende de él. Debe pasar el testigo al siguiente compañero, que recibe a su vez la responsabilidad de correr. La parte más delicada, y donde se juega muchas veces el éxito o el fracaso de la carrera, es precisamente el paso del testigo, que se realiza en una distancia de tan sólo 20 metros, llamada "zona de transferencia". Lo peor que podría pasar en esa zona es tropezarse, o dejar caer el testigo.

El presente curso 2017-2018 se presenta para nuestros Colegios Diocesanos, en muchos aspectos, como una zona de transferencia donde el testigo ha de pasar de unas manos a otras. La tensión es grande, y eso puede hacer parecer que se ha perdido el ritmo, o que hay demasiada incertidumbre en lo que llega, a lo que se suma que ya llevamos más de un curso en esta situación, y han de llegar más cambios. Podríamos perfectamente hacer nuestra la frase del Papa Francisco de que "ésta no es sólo un época de cambios, sino un verdadero cambio de época".

Por una parte, aunque el año pasado terminó de implantarse la LOMCE en los cursos que faltaban, quedan aún muchos “flecos” de la Ley de Educación que hay que afrontar. La evaluación por competencias, la implantación de nuevas asignaturas y las evaluaciones externas son sólo algunos de ellos. Y todo ello mirando siempre el horizonte del tan esperado Pacto Educativo, amenazado sin cesar por los cambios políticos e ideológicos de turno. Es muy difícil hacer nuestro trabajo sobre las arenas movedizas de las siempre cambiantes legislaciones sobre educación.

No podemos olvidar los retos que marca el desarrollo propio de la enseñanza, que no sabe de pactos ni políticas, y que nos apremia hacia una actualización y formación del profesorado constante. La implantación en nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje de nuevos modelos pedagógicos (que ya no son tan nuevos) es una de nuestras prioridades, sin perder lo que de bueno tiene la enseñanza tradicional. Atendiendo, por supuesto, a las tecnologías de la comunicación y el conocimiento, las redes sociales, la robótica y la programación… habilidades sin las que nuestros alumnos no se enfrentarían adecuademente a los retos de la sociedad actual. Una sociedad globalizada, en la que manejarse en diferentes idiomas es esencial. De ahí nuestra apuesta permanente por los idiomas, tanto en el aula como fuera de ella.

A nivel institucional también se han producido cambios profundos, menos visibles desde el exterior, pero que afectan a la misma estructura de nuestros Colegios. No olvidemos que somos Colegios “Diocesanos”, y nuestra primera y más importante vinculación es con la Diócesis de Ávila y su Obispo, D. Jesús García Burillo. Esa vinculación se realizaba en la persona de D. José Luis Retana Gozalo, nombrado recientemente Obispo de la diócesis hermana de Plasencia. La responsabilidad la asume ahora al actual Vicario General de la Diócesis, D. Abilio Blázquez de Francisco.

Asímismo, dentro de los Colegios, era el Director General quien representaba a la Diócesis. Durante los últimos años ha sido D. José María Valle Soberón quien ha guiado y trabajado en la unidad y futuro de los Centros Diocesanos. Llegada su merecidísima jubilación, dos sacerdotes toman las riendas este curso: el P. Pedro Martín Gómez en “Asunción de Nuestra Señora”, y el P. Pablo Martín Pascual en “Pablo VI” y “Juan XXIII”. Este relevo ha supuesto también un cambio en varias funciones de los correspondientes Equipos Directivos, como la Coordinación económica o Jefaturas de Estudio.

No podemos dejar de agradecer el esfuerzo, la dedicación y el trabajo de todos los que han llevado a los Colegios Diocesanos a su posición actual. Se han enfrentado a multitud de retos, y han luchado por los Colegios con todas sus fuerzas. Hay cosas que podrán pagarse como es debido y otras (las más importantes) recibirán su recompensa del modo en que solo Dios puede hacerlo, pues corresponden a lo íntimo de los sacrificios personales. Dejan un testigo (un testimonio) lleno de fe, proyectos, ilusión y futuro. Quienes lo recogemos enfrentamos la pista procurando no tropezar, o dejar caer el testigo, pero con el impulso que recibimos de ellos, todavía en la "zona de transferencia". Hay carrera. 

¡Feliz Curso 2017-2018!

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